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─¿Qué diablos es esto, Ángela? ─preguntó Lord Viral mientras aferraba un papel con tanta fuerza que parecía a punto de partirse ─. ¿Un contrato matrimonial? ─Mi señor... yo... ─se atrevió la chica arrodillada frente a su trono─. Lo siento mucho, esa mujer debió de envenenarlo o engañarlo o... ─¡Silencio! ─gritó Lord Viral, arrojando el papel a un lado─. Te envié a esas malditas tierras con dos tareas muy simples: conseguir una ruta comercial e impedir que mi hijo hiciera ninguna tontería. ¡Y has fallado ambas misiones! Lord Viral se alzó de su trono, incapaz de permanecer sentado ni un segundo más. Ángela agachó la vista y clavó los ojos en la moqueta grana. ─Y si se hubiera casado con la Molay aun tendrías excusa ─farfulló Lord Viral─. Pero no, el idiota de mi hijo tenía que prometerse con una furcia pordiosera de la Palabra del Emperador, ¡con una familia arruinada y sin poder alguno! ─Mi señor... ─dijo Ángela casi en un susurro─. Rainiére aun tardará unos días en llegar a la capital... tal vez si esa mujer no llegara hasta aquí... ─¿Qué has dicho? ─gritó el Lord, enojado─. Voy a presuponer que el frío de Bréssel te ha afectado el cerebro tanto como a ese imbécil que tengo por tercer hijo. O tal vez me estoy quedando sordo por la edad, porque me parece que has sugerido que los Viral somos una banda callejera que contrata asesinos y maleantes para hacer el trabajo sucio. ─Mi señor, yo no quería... ─dijo la chica con un hilo de voz. Lord Viral suspiró, se acercó a Ángela y le posó una mano sobre el hombro. ─La palabra dada es lo más valioso que tiene un hombre ─dijo─. Aun teniendo dinero, un ejército y poder, un señor debe mantener siempre su palabra o no es más que un burdo tirano. La chica alzó la vista y miró a su interlocutor, que la observaba con gesto indulgente. ─Ángela ─dijo volviendo hacia su trono─, para mí, has sido como esa hija que nunca tuve. Eres más leal que cualquiera de mis hombres y también más inteligente. Y es por eso por lo que me duele separarme de ti... ─¿Me vais a separar de vuestro lado, señor? ─exclamó Ángela, asustada. ─Te voy a enviar al norte ─dijo acomodándose en su trono─, junto con mi hijo y su nueva familia. Compra tierras y un asentamiento, tal vez una mansión o una casa señorial, y después organiza la boda. Quiero que me envíes una carta cada 15 días, informándome de como avanza todo. ─Pero... ¿tiene algún propósito esta misión o es un castigo por mi incompetencia? ─¿Es que no escuchas cuando te hablo? ─dijo Lord Viral, ofendido─. Como bien sabrás, en la Palabra del Emperador no hay gran maestre, por lo que podemos movernos a nuestras anchas y, por lo que contabas en tu informe, esa maldita ruta comercial con Sándalo pasará por esas tierras y que los dioses me maldigan si los Viral dejan escapar una presa.
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